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Mirar al espejo, en el reflejo encuentro la solución
para este acertijo de Otoño
que descansa en olas inciertas y obscuras
como destellos de fuego, de sal y arena.
Los pasos en las dunas no reflejan caminos,
solo las puertas que se vuelven gotas intransigentes de hastío,
de soledad acumulada por siglos, por eones...
que empiezan y terminan en el último vuelo de la lechuza
en la niebla de una tarde de puertos y volcanes,
de absurdos y besos no dados, de...
(Cinco monedas de plata...)
Esta tarde conocí el hielo, su voz, su rostro, su roce y su vacío,
y esa tarde me conoció el hielo, mi voz y mi rostro, mi toque y mi vacío;
y conocimos la paz en la locura del sueño, como cabos de velas,
como velas que esperan incendiar rosas y caracoles,
sabores y olores de coco y alcohol...
Noche, insomnio y nieve, sangre, noche e insomnio
negro, café y blanco, rojo, negro y café; todo vuelve
y se consume frente al espejo, frente al reflejo
sin resolver el acertijo de Otoño.
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